Bueno, las experiencias acumuladas listas para escribir aquí en el blog no son numerosas, pero me tendrán un rato entretenido (si, a quién desgraciádamente se le haya ocurrido la maravillosa idea de leerme, le toca un tostón). Me he preparado una ventana pequeñita de notepad para poder tener Youtube de fondo, así me entretengo, que si no me parece que no terminaré y acabaré por no publicar nada, ya ha ocurrido en otras (muchas) ocasiones.
El fin de semana estuvimos en Madrid, nuestra amada Madrid. Cada vez que vamos nos pasa algo, algo que siempre nos hace decir “aquí no volvemos” y, como siempre, apareció algo que nos hizo volver. Locos nos volvimos y un viaje de fin de semana al Parque Warner planeamos. Nuestro hotel estaba en Pinto, cerquita del parque y… en fin, saltáldonos más rollos, al despertarnos y acudir al coche nos encontramos que a Shara le habían destrozado el espejo retrovisor izquierdo. Corrijo: Un valiente hijo de la grandiosísima puta, utilizando todo el intelecto que su mugrienta cabeza llena de mierda podía proporcionarle, puso en juego lo que había aprendido durante su mediocre, aburrida, triste y desperciada vida y rebentó el espejo retrovisor de mi coche.
Tras convencerme a mi mismo de que matar no estaba bien, llamé al seguro para ser atendido por varias extranjeras que hablaban asombrósamente bajo, y que me hicieron soportar el famoso “enseguida le paso con el departamento adecuado señor” un par de veces.
No cuento la conversación pero resaltaré un momento de la misma:
Yo: Muy bien, entonces me dice que lo que me ha ocurrido me lo cubre mi seguro, ¿verdad?
La mujer: Así es señor.
Por supuesto, al día siguiente, pese a decirme que sus compañeros se pondrían en contacto conmigo, estos no lo hicieron, y tuve que llamar yo. Cual fue mi sorpresa cuando así de pronto la mujer me suelta que esto no me lo cubre mi seguro. Empezaba el show…
Tras discutir mucho se me dijo que un responsable me llamaría, colgamos, y yo esperé como un tonto.
Al día siguiente llamo una vez más, y aunque ya pensaba que era imposible, se superaron a si mismos. Cual fue mi segunda sorpresa cuando así de pronto la mujer me suelta que yo no he puesto ningún parte.
Se acabó. A partir de ahí hubo un par de llamadas en las que mi lenguaje siguió siendo el adecuado, pero mis ganas de asesinar fueron transmitidas con toda claridad.
Por supuesto aun no me ha llamado ningún responsable de la compañía, por supuesto mis quejas solo se pueden hacer por e-mail o por fax, por supuesto mi seguro no tiene ninguna oficina física donde reclamar. Por supuesto cuando mi seguro venza me cambiaré de compañía, y por supuesto no tengo tiempo para acudir a la OCU en su ridículo horario.
Otro post más delante para el gran fin de semana que pasé, porque me lo pasé en grande (cuando conseguí quitarme de la cabeza lo del coche y cuando acabamos de poner una reclamación a dos trabajadoras del parque que se la habían ganado a pulso).
A la mierda va a irse directo el seguro.




