He pasado miedo.
Es la segunda vez que me ha tocado hacer algo de este tipo, pero en la otra ocasión no lo pasé tan mal. Ha sido en el mismo sitio, en la depuradora de Villafranca. El encargado, Nacho, para variar me ha dicho lo que tocaba como si nada pensando que es un juego de niños. Supongo que para los allí presentes, acostumbrados a esto, es de verdad un juego de niños. Para empezar en mi caso no lo era, lo veía como una pequeña locura, pero si encima tengo que cargar con el jalon del GPS pues mal. La otra vez me subí a un andamio a una altura de unos 3 metros, y si me ponía de pie las barras de las esquinas aun me superaban en altura y me podía agarrar con facilidad, además de que la pared donde tenía que marcar la altura era mucho más alta y me podía apoyar en ella. Esta vez me he subido a otro andamio, pero con un par de metros más, otras diferencias son que no tenia pared donde apoyarme, ya que el andamio era tan alto como esta, las barras laterales del andamio superaban el suelo que pisaba por unos 30 centímetros con lo que podía usarlas, pero solo si estaba de rodillas. La altura añadida hacía que cuando paseaban el andamio conmigo encima la sensación de “esto se va abajo” aumentaba considerablemente.
Nunca he mirado con miedo a los andamios ni a las alturas, pero tampoco había contemplado nunca la posibilidad de estar en lo alto de un andamio y que dos locos lo moviesen bruscamente desde abajo. Ni tampoco había contemplado que aquello donde tuvieses que trabajar desde el andamio fuese más bajito que este.
No le he dado el gusto al encargado de verme dudar o verme con miedo, pero si tareas de este tipo se empiezan a repetir a menudo Elecnor me va a tener que pagar un extra por tareas peligrosas. Ya dicen ellos mismos que el día que venga una inspección de seguridad a la obra estan muertos.

